El pasado sábado, en el espacio de La noche temática, emitieron el documental: La mentira de las bombillas de bajo consumo.

Con la llegada al mercado de las bombilllas de bajo consumo se logró reducir el gasto de energía pero no la contaminación. Su contenido en mercurio supone un peligro para la salud cuando se rompen y sus gases son inhalados. El uso de lámparas de bajo consumo se impuso por ley sin considerar los riesgos sanitarios y ambientales cuando se rompen o desechan.

Todo apunta que la prohibición de las bombillas incandescentes y el reemplazo por bajo consumo fué una gran jugada de las grandes compañías que las fabrican.

Supieron vender muy bien los beneficios que traería tanto para los consumidores, la economía y el medio ambiente.

Si bien es cierto que el gasto que producen es mucho menor a las antiguas incandescentes,  el problema es el deshacerse de ellas, ya que son mucho más peligrosas y contaminantes que las antiguas.

En mi casa ni fluorescentes ni bajo consumo, hasta que alguien me diga lo contrario, leds. Aunque la bombilla sea algo más cara, son menos contaminantes, no son peligrosas y ahorro muchísmo más.

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